Lluvia de llaves

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Llueven en el plato. Ellas que se pierden, se esconden, se extravían. Se buscan en el mundo oscuro de las carteras y los bolsillos. Se atan a los cordones y corren al paso. Se camuflan con la tierra de las plantas del ingreso, hacen equilibrismo en el travesaño de la puerta que delimita la entrada al campo de juego de la vida domestica.

Se dan, en un acto solemne de recomendaciones, a quien se hizo lo suficientemente grande para tenerlas. Se sacan a quien no amamos más. Se devuelven en cambio de un cepillo de dientes a quien a no ama más a nosotros.

Llevan consigo distintivos que cuelgan en la noche prendidos a un gancho mientras soñamos: el nombre de la ciudad natal descolorido en un pedazo de cuero, una vaca de San Antonio que eligió tu hija, una pelota de tenis para encontrarlas mas rápido, un plastico amarillo de veinte centavos con la escrita terraza.

Se encuentran. Se hace una copia que no funciona. Se deja una de emergencia en lo de un amigo de confianza. Se reciben en la reception y se devuelven terminado el viaje.

Son inquietas, caen en las bocas de los ascensores y en las tapas de las alcantarillas. Se enfilan al lado de los asientos del auto, en el punto exacto donde los dedos no llegan.

Se lanzan de las ventanas envueltas en el repasador de la cocina, y vuelan hacia esos ojos que miran el cielo, esas dos manos mendicantes.

Y cuando se pierden no dejan de ser. Esperan inalteradas. Y si cuando las encontramos ya no sirven, las conservamos igual: cajitas, pequeños cuencos de plata o de vidrio, porta lápices tienen siempre al menos una, a custodiar el recuerdo de un espacio que fue.

Cuenta Eduardo Galeano en El libro de los abrazos que en Caracas el amigo es llamado llave, y Mario Benedetti le cuenta que “quando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, tenia con èl en su llavero cinco llaves que no eran suyas: de cinco casa, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.”

Hoy esos tiempos ya se han ido, pero cada tiempo tiene su terror. Sirve una lluvia de llaves, que abran puertas refugio, puertas secretas, desconocidas, anticúas puertas que non conduzcan a antiguos saberes, puertas que se abran gentilmente y que esta gentileza sea contagiosa. Puertas de bar consagrados, al sagrado encuentro en los amigos y l os amores. Llaves para puertas que aun no conocemos. Un calendario donde cada dia sea una puerta y en nuestros platos una lluvia de llaves.

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