Carta a Paraná

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Son ya las nueve y media, lástima. Quería levantarme temprano, aprovechar al máximo cada segundo que me queda con vos. Hago el café, pongo el agua para el mate,y abro las ventanas, es una mañana fresca de verano, y sin una nube. Acá afuera las chicharras no me van a dejar escuchar el ruido de la cafetera, mejor espero adentro y agarro de paso el cenicero, que hoy fumo también de día.

Dejarte un dia de sol es mas difícil todavía.

Vuelvo afuera, me siento frente a la computadora con todo el armamento destinado a la consolación oral, y se me cae el mate sobre el teclado. Mierda. Corro a buscar un trapo para secar, y el nudo en la garganta junto con el llanto, se disipan. Bien, pensé, al final ningún drama soporta la acción. Basta un hijo que se pela una rodilla o un mate derramado sobre la computadora y listo, logras dejarla sin lloriquear como una ingrata, como una actriz de novelón latino en sus primeros pasos.

Una vez seca la computadora llegó la desmentida: te dejo con ésta cara de anhelo, como siempre.

Sí…quedate tranquila, no es eso, soy feliz allá, quizás más de quanto lo sería si volviera con vos, pero dejarte es un tormento.

¿Viste las nenas cómo crecieron y cuánto te quieren?. Aveces tre parece de pavonearme con ellas frente a vos, para hacerte ver que también yo crecí, y que he aprendido a cuidar cosas importantes. Decime que me ves crecida aunque me abrace a tu pollera cuando debo irme.

Quizás debería tirarme toda el agua hirviendo del mate sobre la pierna para cambiar de estado de ánimo.

Para colmo los buenos modos no ayudan, esto de saludar a todos antes de partir, por un lado te llena de besos y abrazos, pero por otro…

Esta tarde llegarán mis hermanos, sus parejas, mis padres, llegarán amigos con sus hijos, y a la tardecita prenderemos el fuego para hacer el asado, y será todo muy hermoso y la pucha que lloro de nuevo.

Ya lo sé. Se arriesga una mirada demasiado poética cuando uno está lejos, igual no es necesario que me hables de tus defectos. Ahora estoy cerca tuyo, rodeada de insectos que detesto, y te veo hermosa lo mismo, como quando ves buen mozo un buen actor con la nariz enorme. Y olvido tus límites, tus faltas, tus miserias, olvido cómo se me vacía el alma cada tarde cuando cae el sol. ¿Te acordás que ya te había dejado?. A los dieciocho años me fui de vos, ciudad madre llena de agua, húmeda y verde.

Esta noche reiré con gusto, beberé de más y mañana partiremos.

Y llegaré a ella, que vos no conoces. También ella está llena de agua, pero  escondida, subterránea, y la gente camina sus calles sin sonrisas ni liviandad. La quiero también a ella, elegante y ordenada, pero le falta un alma. Tiene el aire enrarecido, lleno de rabia y de impaciencia, y a la tardecita se cubre de un cielo sin estrellas.

Mañana partiremos y cuando esté alla no voy a decir nada de cuanto te extraño. Corro el riesgo que quien tiene todo el corazón de un solo lado no entienda, y me mande allá lejos, es decir, con vos. La verdad es que el corazón se te parte como un durazno y vos sos el carozo que mora un poco acá y un poco allá, y aún si decidieras volver, juntando todos los pedazos, no volverías a ser nunca un durazno entero, quedaría siempre esa fisura a través de la cual se sangra, que solo el amor y los amigos y el arte pueden tamponar.

No te entristezcas que después se me pasa. O entristecete un poco así veo que vos también me querés, pero que se te pase después también a vos.

Te pido solo que no mires a ninguna creyéndote menos, no creas en esas historias, no te fuerces a hacer como las demás: vos sos linda así, con tus casas bajas, las calles llenas de pozos y los autos llenos de gente; con tus avenidas desiertas a la hora de la siesta y los domingos perfumados de leña quemada y carne a la parrilla; con hombres que pedalean bajo el sol sin remera y mujeres que amamantan donde niño manda, sos linda así, que no importa qué se come sino comerlo en compagnia.  No te hagas hacer nada que pueda asustar las chicharras, que son tu voz en verano, ni las luciérnagas y todos los otros que me gustan un poco menos.

Beso tus manos,  están calientes pero me siento como en un velorio, y eso que no murió nadie, vos estás radiante y yo respiro regularmente, aunque con alguna dificultad en éste instante, será por aquello de Partir es morir un poco…

Beso tus manos y me voy, cuidalos a todos, y no desarmes mi pieza.

 

 

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